para una niña...
La mañana quiere irse
con el río al horizonte
en una sonrisa de aguas,
pero la prenden al cielo,
a manera de alfileres
melodiosos, los cantos
de los pájaros. Se queda
igual que una niña agreste,
colgada por el encanto,
absorta mirando el río.
Juan L. Ortiz
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